Son las diez y en producción hay un pedido que nadie se atreve a pasar al taller. Viene de una tienda de muebles de la costa: sofá con chaise longue, tela verde salvia, patas de madera, firmeza media. Está escrito en el impreso de la tienda, con la referencia de la tela copiada del muestrario y, en el margen, «chaise derecha». Quien lo tiene en la mano duda: ¿derecha según se mira el sofá o según se sienta uno en él? Llama a la tienda, pero el vendedor que lo tomó libra hasta el jueves.
Mientras tanto, en otra tienda, una pareja lleva media hora delante de vuestro muestrario. Les gusta el modelo con chaise que está expuesto en gris perla, pero lo quieren en terracota y no se atreven: en el retal del muestrario les parece demasiado atrevida para un sofá entero. Además, no saben si una chaise de 1,80 metros deja paso hasta la terraza. Se van con un catálogo y dos muestras de tela en el bolso, y el vendedor sabe que esa venta acaba de alejarse.
La tienda solo puede exponer tres o cuatro sofás; vuestro catálogo tiene cuatro formas, tres tipos de brazo, dos fondos de asiento, decenas de telas, tres firmezas, relax motorizado y tres tipos de pata. Casi todo lo que fabricáis se vende sin haberse visto montado. Y cuando el sofá llega a casa con la chaise en el lado equivocado, o la tela no era como la imaginaban, la reclamación vuelve a vuestra fábrica, aunque el pedido se tomara en otro sitio.