
Catálogo de opciones muy amplio, con muchos acabados, materiales y medidas que se combinan.

El precio de un configurador 3D no sale de un tarifario fijo: depende del número de combinaciones, del estado de tus modelos y de la lógica de configuración que necesite tu producto. En esta página te explicamos de qué depende el coste, qué sube y qué baja el presupuesto y cómo planteamos el alcance por fases. El objetivo es que llegues a la propuesta con criterio y un briefing más afinado.
El precio de un configurador 3D depende, sobre todo, de dos cosas: cuántas combinaciones tiene que resolver y en qué estado llega el modelo 3D. No cuesta lo mismo un producto con tres acabados que uno con módulos, medidas, materiales y opciones que se cruzan entre sí y multiplican las variantes visuales. Partir de un CAD limpio acelera el modelado; reconstruir cada pieza y cada variante desde cero suma horas y eleva el rango.
El segundo gran factor es la lógica de configuración: qué opciones son compatibles, qué reglas de combinación existen y si el configurador debe mostrar precio en tiempo real, generar un presupuesto o conectarse con tu web, tu carrito o tu ERP. Cuanta más interactividad inmediata, más realismo por combinación y más integración técnica, mayor es el alcance del desarrollo y, por tanto, la inversión.
Hay decisiones que ensanchan el rango y conviene tenerlas claras antes de pedir propuesta. Las que más pesan suelen ser:

Catálogo de opciones muy amplio, con muchos acabados, materiales y medidas que se combinan.

Reglas de compatibilidad complejas (opciones que se excluyen, que dependen unas de otras o que cambian el precio).

Realismo alto en cada combinación, con materiales fotorrealistas y detalle fino en todas las variantes.

Integraciones a medida con carrito, formulario de presupuesto, CRM o ERP.

Varios idiomas y mantenerlo vivo: añadir productos o acabados nuevos más adelante es trabajo recurrente que conviene prever desde el principio.
También hay palancas que contienen la inversión sin sacrificar lo que de verdad vende. Las principales:

Acotar las combinaciones realmente útiles para vender, en lugar de intentar cubrir todo el catálogo de golpe.

Reutilizar materiales, texturas y módulos entre variantes para no modelar lo mismo varias veces.

Tener el CAD y la información de producto ordenados antes de arrancar, para no rehacer trabajo durante el proyecto.

Empezar con un alcance claro y bien definido, con lo que entra y lo que queda para una segunda fase.

Priorizar las opciones de mayor impacto comercial y dejar las secundarias para más adelante.
No todos los configuradores resuelven el mismo problema, y por eso el rango es tan amplio. En un extremo está la demo comercial sencilla: pocas opciones, foco en enseñar el producto con buena imagen y un visor que rote y cambie acabados. En el otro, una herramienta técnica de venta con catálogo extenso, reglas de compatibilidad, cálculo de precio, generación de presupuesto e integración con tu plataforma.
Entre esos dos extremos hay muchos puntos intermedios. Lo habitual es definir el nivel según cómo vas a usar el configurador: si es para apoyar al equipo comercial, para que el cliente final configure y pida presupuesto solo, o para alimentar directamente un pedido. Ese uso real es lo que marca el alcance y, con él, el presupuesto.
No damos tarifa plana porque cada configurador resuelve un problema distinto y un mismo precio cerrado dejaría fuera o de más a la mayoría de proyectos. Para orientarte bien, lo ideal es que nos cuentes cuatro cosas: qué producto quieres configurar, cuántas opciones y combinaciones manejas, qué nivel de realismo necesitas y dónde va a vivir el configurador (tu web, una landing, el punto de venta).
Con esa información puedes usar la calculadora para situar tu proyecto en un rango orientativo, o pedir directamente una propuesta a medida. Revisamos el material, definimos el alcance por fases si conviene y cerramos un rango con lo que incluye y lo que no, para que el presupuesto se ajuste al uso real y no a un tarifario genérico.
En la mayoría de proyectos recomendamos arrancar por fases. La primera fase cubre las combinaciones que más venden y deja el configurador funcionando y publicado; las siguientes amplían catálogo, acabados o integraciones según los resultados. Es la forma más razonable de contener la inversión inicial sin renunciar a tener algo en producción pronto.
Este enfoque también reparte el riesgo: validas que el configurador rinde antes de invertir en cubrir todo el catálogo. Y como reutilizamos modelos y materiales entre fases, lo construido en la primera no se tira, sino que sirve de base para crecer con menos coste por opción añadida.
Renders reales del estudio para este tipo de proyecto.
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[ 10 ]Las preguntas que más nos hacen antes de empezar.

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