
El nivel de realismo y el detalle de los materiales (mate, brillo, metal, vidrio, texturas).

El precio de un producto 3D no se decide por una sola imagen, sino por el activo que hay detrás: un modelo 3D que después alimenta catálogo, ecommerce, campañas y, más adelante, un configurador. Parte desde 1.400 €, y el precio final depende del número de piezas y variantes, de la complejidad del producto y del brief y la documentación que nos facilites. En esta página te explicamos qué mueve el presupuesto, qué encarece y qué optimiza el coste, y cómo afinar el precio de tu producto.
El factor central es el modelado de partida. Si dispones de un CAD limpio, se reaprovecha y se ahorra tiempo; si hay que reconstruir la pieza desde planos, fichas o fotografías, se suman horas de trabajo. Sobre ese modelo 3D se montan luego las imágenes de catálogo, las vistas para tienda online o, si lo necesitas, una experiencia interactiva.

El nivel de realismo y el detalle de los materiales (mate, brillo, metal, vidrio, texturas).

El número de piezas a modelar y la complejidad de cada geometría.

La cantidad de vistas, variantes y formatos de salida que necesitas del mismo activo.
Por eso el alcance pesa más que la cifra suelta: no cuesta lo mismo resolver un único producto que producir una serie completa con variantes de color, materiales y acabados pensada para todo un catálogo. Las tres palancas que más mueven el precio son las que ves arriba: el realismo de los materiales, el número de piezas y su complejidad, y las vistas, variantes y formatos que necesitas.
Saber qué tira del coste hacia arriba o hacia abajo te ayuda a ajustar el briefing antes de pedir propuesta y a sacar más rendimiento a la inversión.

Partir de un CAD o de planos completos, en lugar de reconstruir la pieza.

Reutilizar el mismo modelo 3D para varias salidas (catálogo, web, vídeo, configurador) en vez de rehacerlo.

Agrupar piezas y variantes en un pack para reducir el coste por unidad.

Definir bien acabados y referencias desde el inicio para evitar rondas de cambios.
Encarece el proyecto modelar geometrías complejas desde cero, multiplicar variantes, exigir acabados muy realistas y pedir muchos formatos o usos distintos del mismo activo. Las urgencias, los cambios de alcance durante la producción y la postproducción detallada de cada imagen también suben el coste.
Lo que abarata el proyecto es lo que ves arriba: partir de un CAD o de planos completos, reutilizar el mismo modelo para varias salidas, agrupar piezas y variantes en un pack y definir bien acabados y referencias desde el inicio.
Un activo 3D bien construido se amortiza: una vez modelado el producto, generar nuevas vistas, colores o acabados es mucho más barato que empezar de cero.
Conviene distinguir dos enfoques con presupuestos distintos. Un render suelto es una imagen concreta para una necesidad puntual. Un producto 3D es un activo pensado para durar: el modelo se valora pensando en todos sus usos, no en una sola foto.
Cuando el modelo se reaprovecha, el coste se reparte entre catálogo, ecommerce, redes, campañas y un posible configurador, de modo que el precio por imagen final baja a medida que aumentan las salidas. Si solo necesitas una imagen aislada, el enfoque y el presupuesto son más sencillos; si vas a explotar el producto en muchos canales, interesa invertir en un modelo sólido desde el principio.
La mayoría de marcas no tiene un único producto, sino familias con varios colores, materiales y configuraciones. Aquí está la gran ventaja del 3D frente a la fotografía: una vez modelada la pieza base, crear variantes es rápido y económico, sin repetir sesiones ni montar cada acabado físicamente.
Esto permite mantener un catálogo visual coherente, con la misma iluminación y encuadre en todas las referencias, y actualizarlo cuando salgan nuevos acabados. Para presupuestar una familia completa nos basta con saber cuántas piezas la componen y qué combinaciones de color y material necesitas mostrar.
Un producto bien modelado no se queda en imágenes fijas. El mismo activo sirve para vídeo, vistas 360 y, sobre todo, para un configurador 3D que deje al usuario combinar colores, materiales y opciones en tiempo real desde tu web. Es la diferencia entre un catálogo estático y una experiencia interactiva que aumenta la confianza de compra.
Por eso recomendamos pensar el modelado con visión de futuro: aunque hoy solo necesites renders de catálogo, partir de una base preparada para un configurador evita rehacer el trabajo más adelante. Si quieres ver cómo funciona esa capa interactiva, puedes explorar nuestro configurador.
No trabajamos con tarifa cerrada, porque un mismo producto puede resolverse con alcances muy distintos, pero sí con un punto de partida: desde 1.400 €. Para ajustar el precio de tu producto 3D, nos viene bien saber:
Cuántas piezas hay que modelar y representar.
Si dispones de CAD, planos o solo fotografías.
Qué variantes de color, material y acabado necesitas.
Para qué vas a usar el 3D: catálogo, tienda online, campañas o un futuro configurador.

Con esos datos, escríbenos desde la página de contacto y envíanos el material del producto. Revisamos la documentación y te cerramos el precio por escrito, indicando qué entregables incluye, para que la inversión encaje con el rendimiento real del activo 3D.
Renders reales del estudio para este tipo de proyecto.
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[ 10 ]Las preguntas que más nos hacen antes de empezar.

Un producto 3D parte desde 1.400 €. Envíanos el material de tu producto y te cerramos el precio por escrito: las piezas y variantes, la complejidad y el brief marcan la cifra final.